viernes, 23 de diciembre de 2011

Campanas de Navidad

    Hay épocas del año, como la Navidad, en que el poder evocador de las palabras crece proporcionalmente a nuestro estado de ánimo. La sensación hogareña y gozosa de estos días es atraída como por un imán por palabras que resuenan a familia, manjares tradicionales, nacimientos y música navideña desde la amanezca. He elegido solo tres voces que no son conocidas ni usadas en todos los países que hablan español, pero que en la República Dominicana suenan a Navidad. No todos los hablantes de español le llaman arbolito a ese árbol, natural o artificial, decorado con luces y adornos que relumbra a través de algunas de nuestras ventanas. En este caso el diminutivo no tiene nada que ver con el tamaño. Con él se ha creado una nueva palabra a partir de una ya existente. Nuestra telera, o pan de telera, es imprescindible en la mesa de Nochebuena pero, a pesar de ser una palabra patrimonial, no les evoca a todos los hispanohablantes nuestro pan blanco de forma alargada. Se sorprenderán si les digo que procede de la palabra latina telum 'espada'; una hermosa metáfora que nació en Andalucía y fue adoptada en algunas tierras americanas. Si hay una palabra que reaparece en la temporada navideña, y que solo he encontrado en la República Dominicana, esa es charamico. Originalmente denominaba ramas o leña menuda; transformada artesanalmente en estrellas, canastas y arbolitos, ha producido la nueva acepción, tan dominicana como la primera, de 'adornos navideños elaborados con esta leña'. Los charamicos en nuestras calles son los primeros en anunciar que la brisa navideña está ya con nosotros.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Un relativo que se nos va

    Hay palabras y construcciones cuyo uso se va perdiendo poco a poco a causa del desconocimiento de los hablantes. Una de estas construcciones es la del adjetivo relativo cuyo y sus formas femeninas y plurales cuya, cuyos y cuyas. Siempre ha sido más propio de la lengua escrita y, con seguridad, la precipitación con que escribimos en estos tiempos no lo ayuda. Su función es la de establecer una relación, por eso lo llamamos relativo, de posesión entre dos sustantivos. Veamos un ejemplo: Mi hermana, cuya llegada esperábamos desde hacía tiempo, decidió no venir. El adjetivo relativo cuya enlaza los sustantivos hermana y llegada para expresar una relación de posesión entre ellos: la llegada de mi hermana. Funciona como todos los adjetivos y concuerda en género y número con el nombre al que antecede. En el ejemplo propuesto cuya y llegada están ambos en femenino singular. Hasta aquí no parece haber dificultad. Sin embargo, cada día es más difícil encontrarlos en un texto escrito y más frecuente verlos sustituidos por expresiones como que su (algunos autores llegan a hablar de quesuismo) o de + relativo. Imaginen cómo habría sido el ejemplo propuesto atacado por estos virus lingüísticos: *Mi hermana, que su llegada esperábamos… o *Mi hermana, de la que esperábamos la llegada… Echemos mano de cuyo. Nuestros escritos ganarán en propiedad y claridad. Las otras posibilidades son innecesarias e inapropiadas, dos características que están reñidas con una expresión correcta en cualquier lengua.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Una brisa fresca

    Abrir las páginas de un periódico o prender la radio o el televisor son gestos cotidianos para todos nosotros cada mañana. Habitualmente el contenido que encontramos en ellos nos satura de violencia, de propaganda política y, cómo no, de una mala utilización del español. Por eso, me resultó tan refrescante la brisita que sentí al escuchar a Huchi Lora y su equipo defender el uso correcto de nuestra lengua y abogar por un lenguaje periodístico directo, apropiado y correcto. Seamos justos. Siempre criticamos lo mal que se escribe y se habla en los medios de comunicación, pero no todos los medios y no todos los comunicadores pueden meterse en el mismo serón. Para muestra valga, cada uno de ellos en su estilo, la expresión correcta y la conciencia lingüística del equipo que se toma el cafecito con el Sr. Lora y lo comparte con nosotros cada mañana. Comentaban en esta ocasión la costumbre, muy extendida entre políticos y periodistas, de elegir palabras, muchas veces completamente innecesarias, que parecen causar el efecto de una expresión culta cuando lo que consiguen, en cambio, es delatar el desconocimiento de la lengua, si no la ausencia de contenido, de los que las usan. Se referían a cosas como decir aperturar por abrir o a lo interno por dentro. Entre el ruido de la violencia y de la precampaña electoral, ensordecedor casi siempre, agradecemos que los profesionales conscientes de su responsabilidad como comunicadores tomen en sus manos - ¿o deberíamos decir en sus bocas? - la defensa de la lengua de todos. Que cunda el ejemplo.

Bazar de las damas diplomáticas

No tiene nada que ver con las palabras pero siempre sienta bien ayudar.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Reconocimiento académico

El pasado martes 29 de noviembre la Academia Dominicana de la Lengua reconoció las aportaciones de cinco mujeres ligadas a la institución. Las académicas de número Irene Pérez Guerra y María José Rincón, la académica correspondiente y coordinadora de la Tertulia literaria académica Ofelia Berrido, la coordinadora de comunicación de la Academia Jacqueline Pimentel y la declamadora Rosa Iris Clariot. 

lunes, 28 de noviembre de 2011

Usarlas o no usarlas

    Las preposiciones ya nos han dado que hablar. Parece mentira que siendo tan pequeñas causen tantos quebraderos de cabeza. No solo se trata de decidir qué preposición usar sino de algo incluso más sencillo. Se trata de saber si usarla o no usarla, como si de un dilema teatral de Shakespeare se tratara. Para evitar una reiteración innecesaria y un poco cargante la eliminamos cuando coordinamos dos grupos preposicionales que irían encabezados por la misma preposición: hermanos de padre y madre en lugar de *hermanos de padre y de madre; compartiremos con la familia, unos amigos y unos vecinos en vez de *con la familia, con unos amigos y con unos vecinos; luchó por ganarse la vida e independizarse en lugar de *luchó por ganarse la vida y por independizarse. Pero solo debemos suprimir la preposición si se repite. En cambio, si los grupos preposicionales que van coordinados están encabezados por dos preposiciones distintas, ambas deben mantenerse. En este último caso la supresión de una de ellas puede dar lugar a ambigüedades y errores de interpretación. Sin ir más lejos, analicen este titular periodístico: *"Pese al cólera, la venta de comida en la calle sigue sin control y poca higiene". Resulta evidente que falta la preposición con en el segundo grupo. Los redactores debieron escribir "la venta de comida en la calle sigue sin control y con poca higiene". Cambia por completo el contenido y, al fin y al cabo, el objetivo es transmitir adecuadamente un contenido. ¿O no?

martes, 22 de noviembre de 2011

Todo por la ortografía

    

    Los extranjerismos han llegado para quedarse. Algunos lo hicieron hace tanto tiempo que ya no somos capaces de reconocerlos porque los hemos adoptado entre nuestras palabras. Durante un tiempo experimentan un proceso de adaptación a una pronunciación y una forma de escritura acordes a las propias del español. Llega un momento en que los consideramos como propios. ¿Quién se acuerda ya de que palabras como jardín, huracán o tabaco fueron en su origen préstamos de otras lenguas?

    La proliferación sin ton ni son de los que todavía no se han sometido a esta aclimatación, los extranjerismos crudos, nos causa a veces problemas ortográficos. La forma en que debemos escribir las palabras o expresiones pertenecientes a otras lenguas no es caprichosa. Los extranjerismos que no están adaptados, ni en su pronunciación ni en su ortografía, deben distinguirse del resto de las palabras por alguna marca. Lo más recomendable es escribirlas en letra cursiva. Nos servimos de esta grafía para indicar que la palabra así escrita no se atiene a las normas ortográficas ni de pronunciación del español. El mismo criterio debe seguirse con las expresiones o frases hechas. Por una vez, y sin que sirva de precedente, el uso de extranjerismos crudos en esta columna irá in crescendo hasta convertirla en algo así como un collage idiomático. No es lo que podríamos llamar un happy end. ¡Lo que me han costado estas últimas líneas! C'ést la vie. Todo sea por la ortografía.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Arroz con mango

Una correcta educación bilingüe tiene sus ventajas indudablemente. Como ya habrán notado, los académicos tenemos el raro vicio de aspirar a un uso apropiado de las palabras. El adjetivo bilingüe significa 'que habla dos lenguas'. La definición no puede ser más anodina ni más acertada. Escuchaba un programa de radio hace unos días en el que los contertulios, en un español abundantemente salpicado de palabras en inglés (eso sí, con una correctísima pronunciación), admitían que sus madres criticaban su uso del idioma precisamente por este arroz con mango lingüístico. No me extraña; probablemente yo, como madre, también habría hecho lo mismo. Lo más sorprendente de todo es que la justificación para el batiburrillo idiomático era el cambio de los tiempos. Parece ser que la modernidad justifica que no dominemos nuestra propia lengua y que no conozcamos las palabras adecuadas a lo que queremos expresar. Me gustaría saber si también la modernidad justifica que estos contertulios "bilingües", en los casos en los que tienen que expresarse en inglés, también usan sin medida palabras en español, demostrando así sus carencias de vocabulario. Los educadores, también en la educación bilingüe, tienen una gran responsabilidad: una educación correcta. Y correcta significa 'libre de errores o defectos, conforme a las reglas'. El dominio de dos lenguas no debe confundirse con su mezcla indiscriminada. Es una ventaja y un privilegio educativo que podamos aprender alguna lengua además de la materna. Los que tenemos acceso a este privilegio no debemos echarlo por la borda. Hablemos dos lenguas, sí, pero cada una cuando toca.


 

martes, 8 de noviembre de 2011

Valga la redundancia

    Esta frase es la que usamos para excusarnos por una redundancia, que consiste en la repetición o el uso excesivo de una palabra. Existen, sin embargo, muchas ocasiones en las que lo que repetimos innecesariamente no es la palabra sino el concepto. Estas redundancias son más difíciles de notar. Demuestran desconocimiento del significado exacto de las palabras y descuido en nuestra expresión. ¿Quién de nosotros no se ha referido alguna vez a la base fundamental de algo? Si la base es el 'fundamento o apoyo principal de algo' el adjetivo fundamental sobra. ¿Qué me dicen de los ejemplos prácticos? La razón de ser de los ejemplos es precisamente ser prácticos. Los kilos de peso y los años de edad parece que nos pesan más y que pasan más rápido, pero no pueden ser más que eso, y a ambos sustantivos les sobran los complementos preposicionales. Al erario también le añadimos con frecuencia, e innecesariamente, el adjetivo público. El erario siempre es público porque este sustantivo se refiere al departamento de la Administración Pública que se encarga de las finanzas del Estado. ¿No será que este concepto ya no nos queda tan claro a todos? Seguramente más de uno tendrá entre manos algún proyecto. Algunos dirán incluso que tienen un proyecto de futuro. Tienen el 'designio o pensamiento de ejecutar algo'. Por eso es que todos los proyectos son de futuro. Una vez más no vale la redundancia.

martes, 1 de noviembre de 2011

"Preelectoral" se escribe en una sola palabra - DiarioLibre.com

"Preelectoral" se escribe en una sola palabra - DiarioLibre.com

Nuestra autoridad

El trabajo académico dedicado a la revisión y actualización permanente del Diccionario de la Real Academia no se detiene nunca. La próxima edición de esta obra está prevista para 2014. Será una buena forma de celebrar el tricentenario de esta institución consagrada al estudio y la defensa de nuestra lengua común. Pero debemos recordar que el diccionario académico es de todos y que la Academia cuenta con la cooperación de los hablantes para su continua puesta al día. Con este objetivo ha creado una unidad que se dedica a canalizar y a estudiar las críticas y propuestas que los hablantes de español envían a los académicos con el fin de mejorar nuestro diccionario. Las propuestas que se consideran acertadas son incorporadas inmediatamente a la edición digital que está a disposición de todos los hablantes en la red. Tomen nota (unidrae@rae.es) y anímense. Eso hizo una hablante colombiana residente en Australia. Envió una propuesta de corrección de la definición de la palabra champú. Notó que el diccionario la definía como una 'loción' cuando realmente se trata de un 'jabón'. Su propuesta ya está admitida y aparecerá en la nueva edición. Ha servido además para que los redactores se replanteen las definiciones de todas las palabras relacionadas. La Academia, y así lo ha afirmado su secretario Darío Villanueva, considera a cualquier hablante una autoridad en la lengua. Ejerzamos nuestra autoridad y colaboremos con una obra que es de todos.

lunes, 24 de octubre de 2011

Nuevo encuentro en la Academia Dominicana de la Lengua

Una vez más la Academia Dominicana de la Lengua se convierte en foro para todos los amantes del español. En esta ocasión asistiremos a la puesta en circulación de la obra Palabra en Palabra del Dr. Roberto Guzmán. La presentación de su obra servirá como marco a su incorporación a nuestra Academia como miembro correspondiente.
Sus palabras y las del encargado de su presentación, el Dr. Fabio Guzmán Ariza, presidente de la Fundación Guzmán Ariza pro Academia Dominicana de la Lengua, son aliciente suficiente para encontrarnos una vez más en el salón de actos de la Academia (C/ Mercedes, 204) el próximo jueves 27 de octubre a las 5 de la tarde.

Herramientas

    Los usos erróneos que se generalizan en la lengua proceden con frecuencia de un fallo concreto. Los hablantes, sin pararnos a analizar su corrección, lo extendemos al repetirlo. Eso es lo sucedido con las declaraciones poco afortunadas, lingüísticamente al menos, de un responsable del suministro de agua en estos días de averías, cortes y restricciones. En vista de que la escasez de agua afectaba a sectores que habitualmente no la sufren, animaba a "racionalizar el agua". Los reporteros reprodujeron sus palabras sin detenerse a pensar en lo inapropiado de la elección del verbo.

    Racionalizar supone reducir algo a normas o conceptos racionales. Es un verbo derivado del sustantivo razón. Probablemente lo que se quería era animar a la población a racionar el agua. Ahora sí. El verbo racionar, derivado de ración, tiene dos acepciones que pueden aplicarse a este contexto: 'someter algo en caso de escasez a una distribución ordenada' o 'limitar el consumo de algo para evitar consecuencias negativas'. Si apuramos aún más, podríamos hablar de racionalizar el consumo de agua. Consumir el agua de forma racional no nos vendría nada mal.

    La propiedad en la elección de las palabras es una condición indispensable para una expresión correcta y adecuada. Los reporteros, que tienen la lengua como herramienta de trabajo, reprodujeron estas declaraciones, que pudimos leer en muchos diarios, sin detenerse a pensar en lo inapropiado de la elección del verbo. Recuerden que para un buen profesional el conocimiento de sus herramientas de trabajo puede hacer la diferencia y, si nos detenemos a pensar, ningún profesional puede prescindir de las palabras.

sábado, 15 de octubre de 2011

Reflexión académica sobre la ortografía


    A petición de una de las profesoras asistentes a la Jornada académica de orientación ortográfica, celebrada el pasado 12 de octubre, comparto con ustedes este párrafo con el que concluye la introducción de la Ortografía de la lengua española de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española. En una sociedad como la nuestra no está de más reflexionar sobre estas palabras:
"[…] las sociedades que comprenden las repercusiones de la adecuada alfabetización de todos sus miembros, conceden a la ortografía una importancia singular, y su correcto dominio se halla asociado a connotaciones positivas. Es la propia sociedad la que recompensa a quienes dominan esta disciplina con una buena imagen social y profesional. Y, en el lado opuesto, es también la sociedad la que valora como faltas los errores ortográficos y quien sanciona a las personas que muestran una ortografía deficiente con juicios que afectan a su imagen y que pueden restringir su promoción académica y profesional".

lunes, 10 de octubre de 2011

Premios y premiados

    Durante los últimos días hemos conocido a los premiados con los internacionales Premios Nobel. Y como casi siempre nos ha surgido la duda de si debemos pronunciar el apellido del famoso sueco que les da nombre, Alfred Nobel, como una palabra llana –con la intensidad en la penúltima sílaba- o aguda – con la intensidad en la última sílaba. La pronunciación sueca es aguda y se recomienda respetarla. Así coincide además con la ortografía española en la que no lleva tilde por ser palabra aguda terminada en –l. Como siempre que nos referimos al nombre de los premios o de las condecoraciones, debemos recordar que se escriben con mayúscula las iniciales de todas las palabras significativas que los componen. Así hablamos del Premio Nacional de Literatura o de la Orden al Mérito de Duarte, Sánchez y Mella. El pasado jueves conocimos el fallo del Premio Nobel de Literatura 2011. Tomas Tranströmer, nacido en 1931 y autor de numerosas obras poéticas, no es un escritor novel. Este adjetivo, que se refiere a alguien que se estrena en una actividad, se acentúa también en la última sílaba y, aunque a menudo lo vemos confundido con la denominación de los premios, no tiene nada que ver con el apellido del químico sueco. Cuando nos referimos a la persona premiada, el apellido Nobel se convierte en un nombre común y, por lo tanto, se escribe con minúscula inicial. El nobel de literatura de este año nos recordará con sus versos que la poesía aún existe.

domingo, 9 de octubre de 2011

Aniversario y jornada de orientación ortográfica 12 octubre 2011

 
Con la realización de una Jornada de Orientación Ortográfica la Academia Dominicana de la Lengua celebrará su 84.° aniversario este miércoles 12 de octubre.
La jornada se realizará entre 9:00 de la mañana y 5:00 de la tarde, en la sala de conferencias de la Academia, ubicada en la calle Mercedes 204 de la Ciudad Colonial.
Esta institución fue fundada el 12 de octubre de 1927, gracias a la iniciativa de Monseñor Adolfo Alejandro Nouel, quien junto a un grupo de intelectuales dominicanos instaló en el país la Corporación de Académicos, correspondiente de la Real Academia Española.
Al ofrecer la información, Rosario Candelier exhortó a intelectuales, maestros, estudiantes y al público en general, interesado en el buen uso y dominio de la lengua española, a respaldar con su presencia esta actividad, que constituye un aporte de la Academia a favor de los dominicanos, en especial del enriquecimiento y actualización en torno a las novedades ortográficas publicadas recientemente en la Nueva Ortografía del Español por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española.

http://www.listin.com.do/plan-lea/2011/10/3/205857/Academia-Dominicana-de-la-Lengua-84-anos

sábado, 8 de octubre de 2011

http://www.diariolibre.com/opinion/2011/10/08/i308330_index.html

AM. - Si la Lengua es la Patria...Mejor hablemos bien. La Academia de la Lengua está realmente activa. Entre gramáticas revisadas, nuevas ortografías y diccionarios ampliados... saben tanto y tienen tanto que difundir que se multiplican en actividades. La del día 12 es especialmente interesante.

Se trata de una jornada de actualización ortográfica en la que participarán Irene Pérez Guerra, José Enrique García, María José Rincón, Fabio J. Guzmán, Roxana Amaro. Como todos ellos son estupendos comunicadores, amenos conferencistas y apasionados de la palabra, el resultado no puede ser más que óptimo.
Es abierto a todo público, a estudiantes y profesores, a escritores y lectores. O sea... a todos. A quienes aman el sonido y el uso de las palabras. La realidad es que cada vez escribimos (y hablamos) con más faltas de ortografía, con mayores deficiencias sintácticas y con un vocabulario tan empobrecido... Y más peligroso aún, somos más "comprensivos" con lo que antes nos hubiera parecido inadmisible. (Y sí, las faltas de ortografía importan.)
No hacemos ningún favor aprobando a los estudiantes de bachillerato que cometen faltas garrafales, ni a los universitarios con capacidades de expresión de alumnos de primaria. Con la excusa de no truncar "sus aspiraciones" salen al mercado laboral, a la vida, con un nivel de lecto-escritura que les impedirá triunfar en sus planes profesionales.

Además la Academia Dominicana de la Lengua cumple 84 años ese día, el 12 de Octubre. Buena excusa para visitarla.

http://www.diariolibre.com/opinion/2011/10/08/i308330_index.html

lunes, 3 de octubre de 2011

La carrera de la vida

    Muchos de nosotros nos hemos visto obligados a presentar en algún momento de nuestra vida un currículum vítae. Como en tantas otras cosas a veces las dificultades empiezan por el nombre. En este caso se trata de una locución procedente del latín que usamos para designar el documento en el que se registran nuestros datos personales, académicos y laborales. Su trascendencia radica en que debe servirnos de carta de presentación en un momento de tanta importancia, y más en estos tiempos que corren, como la solicitud de empleo.

    Si queremos pronunciar la palabra vítae podemos elegir entre hacerlo como en el latín clásico [bítae] o como en el latín vulgar [bíte], aunque a menudo oímos una pronunciación mixta [bitáe] que no es admisible. Si nos referimos a varios currículum vítae, no es necesario modificar la locución, que permanece invariable en plural. Olvídense de usar el plural latino *currícula, muy extendido a pesar de que su uso en nuestra lengua es incorrecto.

    Si preferimos simplificar, debemos evitar acortar la locución mediante la eliminación de la palabra vítae; es preferible que optemos por la forma hispanizada currículo, que, esta sí, forma el plural regular en español currículos. La hermosa imagen que nos evoca la traducción literal de esta locución latina, la carrera de la vida, alude a nuestra formación humana, intelectual y vital; y eso es lo que cuentan nuestros currículos. Se convierten en nuestros voceros, hablan por nosotros y, por lo tanto, deben hablar correctamente.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Una resurección

    Cualquiera que consulte el significado del verbo empoderar en el Diccionario de la Real Academia puede creer que los académicos se han despistado al calificarlo como palabra desusada. Últimamente la encontramos hasta en la sopa. No hay tal despiste. Este verbo ya existía en español como una variante del verbo apoderar; una variante que, con el paso del tiempo, había ido perdiendo el favor de los hablantes, hasta ganarse ese apelativo de desusada en el diccionario académico. Siempre se ha dicho que las palabras nacen y mueren. En esta ocasión podemos ser testigos de cómo una palabra resucita; eso sí, con un nuevo sentido y acompañada de su derivado empoderamiento. Tanto el nuevo significado como el nuevo sustantivo son calcos de los términos ingleses to empower y empowerment. Una palabra antigua resurge de sus cenizas por mor de nuestro vecino lingüístico y desarrolla el significado de 'conceder poder, generalmente a un grupo desfavorecido, para que mejore sus condiciones de vida', sentido este que ya no comparte con apoderar. Empoderar se ha especializado así para nombrar aspectos sociológicos mientras que apoderar, y su derivado apoderamiento, designan la acción de dar poder a otra persona para que nos represente. La mala fama de los préstamos lingüísticos no está siempre justificada. El contacto entre lenguas sirve muchas veces para revitalizar palabras que habían perdido aliento y reconvertirlas para que sigan cumpliendo su cometido, aunque no siempre lo consigan: lograr que nos entendamos.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Vivir para ver

En ocasiones palabras que tienen el mismo origen etimológico, es decir, que proceden de una misma palabra, desarrollan distintos usos y significados. El hecho de que mantengan formas parecidas hace que se confundan con frecuencia, y que estas confusiones nos pasen desapercibidas. Esto suele sucederles a incluso e inclusive, una pareja de adverbios que surgieron de la misma palabra latina y que, hasta hace poco, no se consideraban intercambiables.

El adverbio inclusive significa 'incluyendo lo último nombrado': trabajamos desde el lunes hasta el viernes, ambos inclusive. Por tratarse de un adverbio es invariable; no cambia de género ni de número, por lo que es incorrecta la adición de esa ese con la que a veces aparece escrito por ahí.

El adverbio incluso tiene el significado de 'con inclusión, inclusivamente': vigilemos nuestra ortografía, incluso en los correos electrónicos. Las diferencias de significado entre estos dos adverbios son de matiz, como tantas veces sucede en las lenguas. La incorrección está en utilizar el adverbio inclusive como sinónimo de incluso. Seguro que muchos de ustedes han escuchado o dicho algo como *inclusive yo tengo dudas ortográficas, cuando lo correcto habría sido utilizar incluso. Los matices que diferencian estas dos palabras se han llegado a perder por un uso incorrecto generalizado hasta el punto de que el Diccionario panhispánico de dudas no lo rechaza, pues lo ha documentado en autores de prestigio, incluso en García Márquez. Vivir para ver.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Maratón de español

        Si hacemos caso de la definición académica, una tertulia es la reunión de personas que se juntan habitualmente para conversar o recrearse. Ambas cosas hicimos en una en la que tuve el honor de ser ponente para tratar sobre las nuevas, y no tan nuevas, reglas ortográficas del español. La aridez que muchos temen en esta materia desapareció gracias a una concurrencia interesada y participativa que sumó el aprendizaje a la conversación y la recreación. Entre las muchas preguntas que surgieron me gustó una relacionada con el género de la palabra maratón, 'en atletismo, carrera de resistencia en la que se recorre una distancia de 42 km y 195 m'. Su origen está en el nombre de una localidad griega, Maratón, situada a 42 km de Atenas. Un soldado griego, en el año 490 a. C., recorrió esta distancia para anunciar la victoria sobre los persas. Cuando la palabra maratón comenzó a designar la competición atlética, a principios del siglo XX, lo hizo en género masculino: el maratón; posteriormente también se generalizó su uso, válido igualmente, en femenino: la maratón. Por esta razón encontramos en la definición del diccionario académico las abreviaturas m. ('masculino') y u. t. c. f. (´úsase también como femenino'). Es un caso precioso de nombre propio transformado en nombre común y que ha desarrollado con el tiempo nuevas acepciones. También con ambos géneros podemos usarlo para denominar una competición de resistencia o una actividad larga e intensa que se desarrolla en una sola sesión. Un maratón de ortografía o una maratón de gramática no nos vendrían mal a muchos. ¿Se atreven?

domingo, 11 de septiembre de 2011

Vaya par

    Existen en español algunos pares de palabras que presentan diferencias de acentuación, de ortografía, o incluso de género, según en qué lugar de la geografía hispanohablante se usen, o qué nivel sociocultural o profesional las prefiera. Entre estas palabras que forman dobletes uno de nuestros lectores ha consultado acerca de la acentuación del sustantivo vídeo, o video. Este término tecnológico es un préstamo procedente del inglés. Su adaptación a nuestra lengua no ha sido uniforme en todos los territorios de habla española y esta circunstancia ha provocado un curioso doblete: dos acentuaciones distintas y ambas válidas.

    En España se usa exclusivamente la forma esdrújula vídeo, que conserva la acentuación etimológica original de la palabra. Su acento en la antepenúltima sílaba la convierte en una palabra esdrújula, con tilde, como todas las esdrújulas. Los hablantes de español americano, en cambio, usan mayoritariamente la forma video. En este caso estamos ante una palabra llana, es decir, acentuada en la penúltima sílaba; y, puesto que se trata de una llana terminada en vocal, la escribimos sin tilde.

    La forma video- puede aparecer también utilizada como prefijo para formar nuevas palabras. Los prefijos tienen la característica de carecer de acento. Por esta razón lo escribimos sin tilde en palabras tan familiares para nosotros en los tiempos que corren como videojuego, videoconferencia o videollamada.

    Una vez elegida una de las formas del par, debemos mantenernos apegados a ella. En esto de los dobletes correctos, como en tantos otros aspectos, lo importante es mantener la coherencia.


 

Cuestión de cercanía

    Posiblemente muchos de ustedes hayan dudado a la hora de colocar el artículo o el adjetivo de los sustantivos femeninos que comienzan por a- o por ha- tónicas, como, por ejemplo, agua, hacha o alma. Como encontramos estas situaciones con frecuencia, es aconsejable que tengamos clara su utilización correcta. Si el artículo precede inmediatamente al nombre debemos usar el: el agua escasa o el hacha afilada. Este uso llega a nuestros días por razones históricas y así lo mantenemos.

    El uso de el termina en cuanto intercalamos otra palabra: la escasa agua o la afilada hacha. Por supuesto, si es un adjetivo, tiene que concordar en género femenino con el sustantivo. Lo mismo sucede con otros adjetivos, entre ellos los demostrativos: esta hada, aquella ala o mucha hambre. En el caso de que queramos usar el indefinido podemos decantarnos por la forma terminada en –a o por la forma apocopada: un habla o una habla, algún
hada o alguna hada. Ambas son correctas.

    Si vamos a usar el sustantivo en plural no hay duda: la forma elegida debe ser siempre la femenina: unas aulas, las arcas o aquellas arpas. Las excepciones, que casi nunca faltan, son tres: los nombres de las letras (la hache), las siglas (la ANJE) y los nombres propios de persona con artículo (me alegré de encontrar a la Ada de siempre).

    Una vez más pequeños detalles que hacen grandes diferencias. Pequeñas cosas que nos ponen a pensar y demuestran nuestro buen uso del idioma.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Más difícil todavía

    El servicio de consultas lingüísticas de la Academia Dominicana de la Lengua recibe a diario dudas y comentarios acerca del uso de nuestro idioma. La convivencia con la lengua española es tan estrecha que es normal que nos surjan con frecuencia dudas e inquietudes que en la Academia tratamos de resolver lo mejor que sabemos. Este servicio lo tienen a su disposición en nuestra página electrónica www.academia.org.do o a través del correo consultas@academia.org.do. Son muchos los hablantes que confían en nuestras respuestas. Como ejemplo les ofrezco la curiosidad de una de nuestras usuarias: las preposiciones que encabezan algunos apellidos ¿se escriben con minúscula o con mayúscula? Un pequeño detalle más que hace la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto. Si el apellido acompaña al nombre de pila (algún día tenemos que recordar la razón de esta denominación) se escribe en minúscula; así Juan de Jesús o María de la Rosa. En cambio, si el apellido no acompaña al nombre, la preposición se escribe con mayúscula inicial: Sr. De Jesús o Sra. De la Rosa. Aunque se torna más inusual cada día, la preposición de más el apellido del marido para nombrar a la esposa también se escribe con minúscula; según esta fórmula la esposa del Sr. García sería María de García. ¿Y si el esposo se apellidara De la Torre? La esposa sería María de De la Torre. En la ortografía, como en el circo, siempre existe un más difícil todavía. En ese caso, recurran a la Academia de la Lengua. Estamos a su disposición.             

martes, 23 de agosto de 2011

Células madre

Cada nueva realidad científica lleva aparejada una palabra, tradicional, prestada o recién nacida, para nombrarla. En la difusión de estas novedades y de sus nombres entre el gran público suelen tener una gran responsabilidad los medios de comunicación. El uso de estas nuevas palabras produce dudas y vacilaciones. Siempre es oportuno recordar que, en la lengua, los nuevos componentes se someten habitualmente a las reglas existentes, por eso nos viene bien refrescar estas reglas en nuestra memoria o aprenderlas por primera vez si no las conocíamos. Un ejemplo claro de popularización de un término científico lo encontramos en los muchos artículos y notas periodísticas sobre las células madre, a las que, con demasiada frecuencia, oímos o leemos con una formación incorrecta del plural: *células madres.

En la lengua existen grupos de palabras que suelen aparecer juntas y que funcionan como una unidad. En este caso estamos ante una unidad léxica compuesta por dos sustantivos. No son raras en español estas formaciones en las que el segundo sustantivo funciona como un modificador del primero; podemos hablar de un hombre rana, un sofá cama, y, desgraciadamente, un coche bomba. Si queremos expresar estos compuestos en plural solo modificaremos el primer sustantivo y así aparecerán hombres rana, sofás cama y, tristemente, coches bomba. Siempre habrá niños prodigio y, probablemente, mujeres objeto; y esperemos que si la ciencia y la investigación no dejan de sorprendernos nos quede mucho que decir y que escribir, correctamente, sobre células madre.

jueves, 18 de agosto de 2011

Releer y corregir

    Admiramos a los escritores que son capaces de usar el lenguaje con creatividad y que nos regalan páginas magistrales convertidas en obras de arte. El don de crear belleza con las palabras es patrimonio de unos cuantos. Los demás tenemos que conformarnos, que no es poco, con redactar con corrección y coherencia. La suerte para nosotros es que una redacción correcta se fundamenta en técnicas y prácticas que todos podemos aprender. Eso de escribir como se habla no da buenos resultados. La expresión escrita sigue unas reglas distintas a las de la expresión oral y es preciso que aprendamos a dominarlas. Tenemos que ser conscientes de la importancia de lo que un texto escrito, cualquiera que este sea, dice acerca de quien lo escribe. Habla de nuestra procedencia, de nuestro nivel cultural y también de nuestra claridad de ideas. Las nuevas formas de comunicación en formato electrónico nos enfrentan cada día con más frecuencia con la página en blanco. Pónganse a pensar en todas las ocasiones en las que un simple texto escrito - un mensaje enviado por correo electrónico, por ejemplo- puede funcionar como su tarjeta de presentación más personal. La ventaja que nos ofrece la lengua escrita es la oportunidad de releer y corregir lo que queremos expresar para obtener el mayor partido posible de nuestra lengua. Quédense, como aperitivo, con estas dos reglas fundamentales para mejorar nuestros escritos: releerlos y corregirlos.

lunes, 8 de agosto de 2011

El nombre de las tormentas

    Nuestra localización geográfica nos enfrenta cada año a una temporada ciclónica que nos mantiene en vilo. Fenómenos atmosféricos que nos rozan, nos tocan de lleno o pasan de largo. Los caribeños estamos familiarizados con sus nombres - unas veces en inglés, otras en español - que van siguiendo un riguroso orden alfabético, como si de una lista escolar se tratara. Estos nombres propios que se asignan a los fenómenos atmosféricos siguen la regla de escribirse con mayúscula inicial: David, George o la muy reciente Emily. Es completamente innecesario, como hemos leído en estos días, destacarlos con el uso de la cursiva o de las comillas. Los nombres genéricos que los acompañan se escriben, en cambio, con minúscula inicial: el ciclón David, el tifón Fred, el huracán Mitch o la tormenta Emily. Estos nombres comunes tienen orígenes interesantes que nos traen recuerdos de navegaciones y viajes. La palabra tifón designa a los huracanes que se producen en el mar de China y procede del portugués tufao y este, a su vez, del árabe clásico con influencias del latín y el griego. Del griego también procede el sustantivo ciclón. La palabra huracán, de origen taíno, nació en nuestras tierras para nombrar una realidad que a los taínos, como a nosotros, les debía resultar cotidiana. Estos "personajes" atmosféricos adquieren desgraciado protagonismo en estos meses y los vemos aparecer en titulares de prensa como si de verdaderos divos se tratara. Si tenemos que convivir con ellos aprendamos a prevenir sus consecuencias y a llamarlos por su nombre.       


 

lunes, 1 de agosto de 2011

Conciencia lingüística

    La verdadera trascendencia de un uso adecuado de la lengua radica en que esta nos acompaña en todos los actos de nuestra vida. La duda de vocabulario que hoy tratamos surgió entre un grupo de amigas que nos reunimos a charlar entre puntadas, o a tejer entre palabras, según se mire. ¿Concienciar o concientizar? Nacieron casi simultáneamente en ambas orillas del atlántico: concientizar del lado americano y concienciar del lado europeo. Los hablantes de una orilla encuentran extraña la palabra que usan los de la orilla contraria; no obstante, ambas son consideradas correctas y están incluidas en el DRAE como sinónimas para expresar la idea de 'hacer que alguien sea consciente de algo'. De estos verbos surgen, respectivamente, los sustantivos concienciación y concientización. Así va creciendo, palabra a palabra, la curiosa familia encabezada por el sustantivo conciencia. Decimos conciencia si nos queremos referir a la capacidad para distinguir entre el bien y el mal pero, si queremos expresar el conocimiento o la percepción en general, también podemos elegir consciencia. Como adjetivo el único disponible es consciente, que se construye siempre con la preposición de. Es esta ese, que falta en concientizar, la que provoca que muchos opinen que la formación de este verbo, y la de su correspondiente sustantivo, no es correcta. Debemos ser conscientes de que, nos guste o no, el uso y el tiempo van dándole forma a nuestra lengua, y así ha sido siempre.

Tertulia Nueva ortografía del español

lunes, 25 de julio de 2011

Todas iguales

Me he encontrado con frecuencia a quien recurre al uso de las mayúsculas en un texto para tratar de eludir la obligación de la acentuación gráfica. Demuestra con esto que no domina el uso de la tilde, tan importante en español, y, además, que desconoce que a las palabras escritas en mayúsculas se les aplican las mismas reglas en cuanto a la tilde y a la diéresis que a las escritas en minúsculas. Así, si alguien se llama Álvaro, debe usar la tilde en la a mayúscula por tratarse de una palabra esdrújula con acento en la antepenúltima sílaba. Si anunciamos una EXHIBICIÓN DE ANTIGÜEDADES no podemos olvidar la tilde de la palabra aguda ni la diéresis que nos recuerda que la u también se pronuncia. Si se fijan en muchos de nuestros anuncios publicitarios observarán que los rótulos en mayúsculas carecen generalmente de tilde. Es la consecuencia de esa especie de mito que ha corrido como la pólvora entre nosotros acerca de la falta de acentuación de las mayúsculas.

Solo existe un caso en que las mayúsculas no llevan nunca tilde. Se trata de las siglas escritas enteramente en este tipo de letras: FMI, siglas de Fondo monetario internacional, no se acentúa nunca (no olviden que solo estamos hablando de ortografía). La falta de acentuación gráfica se limita a estos casos. Si las siglas han pasado a considerarse palabras del vocabulario general, como oenegé o módem, vuelven al redil y se someten a la misma regla que todas las demás. Faltaría más.

Camino real

Mientras escuchaba la radio hace unos días oí un anuncio publicitario de un hotel en el que se promocionaba que el establecimiento disponía de "cienta treinta habitaciones". Es un error habitual entre nosotros que podemos aprender a corregir con facilidad. Ciento es un numeral cardinal que usamos como adjetivo y encontramos apocopado en la forma cien cuando antecede a un sustantivo: cien habitaciones. Si formamos un numeral compuesto, ciento se cambia por cien cuando aparece ante mil: esa región dispone de cien mil plazas hoteleras. Seguido de los demás numerales mantiene su forma completa e inalterada: ciento cincuenta, ciento veinte mil.

Tampoco cambia con el género del sustantivo al que modifica. Así hablamos de ciento treinta camiones y de ciento treinta camionetas sin que el numeral ciento se modifique. El hotel anunciado tiene, por tanto, ciento treinta habitaciones. Lo que sí cambia es el segundo numeral en el caso de que disponga de variación de género; es lo que sucede con ciento treinta y un aviones y ciento treinta y una avionetas. La frecuencia de nuestra confusión parece deberse a una búsqueda de la regularidad con numerales como doscientos, trescientos, etc., que sí presentan variación de género: doscientas velas y trescientos velones.

Aunque las lenguas están hechas de regularidades tienen muy a menudo también elementos que, histórica o lingüísticamente, se salen del camino real. Aprendamos a respetarlos como son, que tienen muchos siglos de vida y muchos más que les queda por vivir todavía.

viernes, 15 de julio de 2011

Tildes que pican y hacen roncha

    Cuando nos enfrentamos a nuevas realidades debemos aprender a adaptar a ellas nuestro vocabulario. Entre los signos ortográficos auxiliares del español se encuentra el guion, una pequeña línea horizontal situada a media altura sobre la línea de la escritura. Pero seguro que muchos se han parado a pensar alguna vez cómo se llama ese guion cuando se alarga ligeramente y, en lugar de ir colocado a media altura, se sitúa en la misma línea de escritura. Probablemente pocas veces habíamos tenido la oportunidad de toparnos con este signo hasta que los correos electrónicos se nos hicieron imprescindibles. Y no, no se llama "rayita abajo". Su nombre correcto es guion bajo y tendremos que aprender a llamarlo por su nombre porque, de momento, parece haber venido para quedarse.

    Seguro que ya a muchos les habrá llamado la atención, como sucedía en alguna otra de estas columnas, la falta de tilde en la palabra guion. Otra de las polémicas decisiones de la nueva ortografía que, sin embargo, no tiene más objetivo que mantener la unidad de la representación gráfica del español. Si tenemos en cuenta la ortografía, la combinación de una vocal abierta (a, e, o) con una vocal cerrada (i, u) se considera siempre un diptongo. Si lo pensamos bien, palabras como guion o truhan, que tienen estas combinaciones, son monosílabas y, como monosílabas, no se acentúan. Es por tanto un hecho convencional, que ya la Academia había establecido en su Ortografía de 1999. La diferencia es que ahora deben escribirse obligatoriamente sin tilde. Y, como sabemos, a veces la obligatoriedad pica y hace roncha.

martes, 5 de julio de 2011

Pequeñas pero chismosas

    Las preposiciones nos juegan a veces malas pasadas. Son partículas con significado gramatical que nos sirven para unir palabras y sintagmas. En español son palabras invariables y forman un grupo cerrado que, hace ya algunos años, nuestros profesores, sabiamente, nos hacían aprender de memoria en una especie de trabalenguas cantado: a, ante, bajo, cabe, con, contra... Algunas de ellas han caído en desuso, como la añeja so, que sobrevive en algunas expresiones como so pena de. Otras nos las encontramos hasta en la sopa, y no de letras precisamente. Es lo que le sucede a la preposición a. Últimamente la hemos oído y leído con las compañías más extrañas. Se repite con frecuencia, por ejemplo, el complemento *con motivo a cuando lo correcto sería emplear la preposición de: "actividades con motivo del Día de las Madres". Otro uso incorrecto de esta preposición es su utilización con el participio relacionado, da. Podría tratarse de un influjo del inglés, muy delicado cuando toca incluso el sistema preposicional, muy cerrado por definición. ¿Cuántas veces hemos oído usos como "una decisión relacionada a la enseñanza primaria"? La preposición que rige el participio relacionado, en todas sus formas, es con. Diremos entonces "una decisión relacionada con la enseñanza primaria". Las dificultades con el régimen preposicional son comunes en los hablantes, sobre todo si no son lectores frecuentes. Existen incluso diccionarios ilustres relacionados exclusivamente con los regímenes preposicionales. Prestemos atención a cómo usamos las preposiciones. Son pequeñas pero chismosas.

lunes, 27 de junio de 2011

En la punta de la lengua

    Casi siempre que nos referimos a un diccionario hablamos de él como si fuera el único. El prestigio que entre los hispanohablantes tiene el DRAE, siglas por las que conocemos al Diccionario de la lengua española de la Real Academia, hace que para nosotros sea "el diccionario". Echamos mano de él, por ejemplo, si desconocemos el significado o la ortografía de una palabra, pero ¿se han parado a pensar cómo haríamos si supiéramos el significado pero no conociéramos la palabra adecuada para expresarlo? Para ayudarnos a conseguirlo existe un tipo de diccionario al que llamamos ideológico. Julio Casares, autor del más importante escrito para el español, lo expresó así: de la idea a la palabra. Esta posibilidad siempre ha sido el sueño de los creadores de diccionarios, muy difícil de alcanzar en los formatos tradicionales, pero que las nuevas tecnologías nos acercan cada día más. Consulten, si no, el Dirae (www.dirae.es), un diccionario inverso en formato digital basado en el contenido del DRAE. Imaginen que desean conocer qué palabras se refieren en el DRAE a las personas desvergonzadas. Encontrarán entre los resultados desuellacaras, atorrantes, corraleros, truhanes y baladrones. ¿Quién nos lo iba a decir? Esta nueva herramienta, muy útil para los que escriben, nos ayudará a encontrar esas palabras que a veces se nos esconden en la punta de la lengua.


 

lunes, 20 de junio de 2011

El buen español

    Siempre que queremos mejorar nuestra escritura notamos que una de nuestras carencias es la escasez de vocabulario. Es verdad que los miles y miles de palabras y expresiones que la lengua pone a nuestra disposición pueden llegar a impresionar. Podemos empezar por establecer nuestras prioridades: ampliar y mejorar el léxico que trata los temas que más necesitamos o que más nos interesan. Cuando manejamos un vocabulario amplio y apropiado somos capaces de expresarnos más acertadamente y, generalmente, con mayor brevedad. Si notamos que nuestros textos son vagos e imprecisos, es el momento para recurrir a los diccionarios. Graciela Reyes, lingüista y docente, a la que siempre es un placer leer, dice que "no se puede escribir bien si no se escribe en buen español". Ella, haciendo gala del buen español al que todos aspiramos, propone su magistral definición de lo que es el buen español: "un español rico, flexible, matizado, usado con soltura y aplomo para expresar lo más fielmente posible nuestro pensamiento, para referirnos con exactitud al mundo y para establecer, consolidar y mejorar las relaciones con nuestros semejantes". Con maestría condensa el fundamento de lo que significa una expresión correcta. El dominio de las palabras para que resulten fieles a nuestro pensamiento se adquiere con la práctica, que no es otra que la mucha lectura y la mucha escritura y el mimo y el cuidado que ponemos en lo que leemos y escribimos. Las prisas, en esto como en casi todas las cosas importantes de la vida, no son buenas consejeras.

martes, 14 de junio de 2011

Una sobreviviente

    A veces tengo la suerte de recibir consultas que me acercan a la interesante vida de las palabras. La profesión periodística, por su inmediatez, se enfrenta a diario con el manejo de su principal herramienta de trabajo: la palabra. Las dudas sobre la propiedad de un término son muy habituales, y eso le ha ocurrido a nuestra lectora con la elección entre emprendedurismo y emprendimiento. Ambas se usan para nombrar la acción o el efecto de acometer una obra o para denominar la cualidad de emprendedor que tiene una persona. Desde luego que emprendedurismo no está incluida en el Diccionario de la Real Academia y emprendimiento aparecerá por primera vez en su próxima edición. Eso no quiere decir que sea una palabra nueva. La primera documentación que he encontrado en español data de una carta escrita por Juan II nada menos que en 1312. Desde esa lejana fecha el español parecía, solo parecía, haberla olvidado en los textos escritos hasta que reaparece en la zona del Río de la Plata a partir de los años setenta del siglo XX, sobre todo en prensa escrita. También de las publicaciones periodísticas de la misma zona proceden los ejemplos para emprendedurismo, pero a partir de 2001, y de uso muchísimo menos frecuente. Si me piden que tome partido, cosa que a los lingüistas no nos gusta demasiado, desde luego me inclino por emprendimiento, con más solera y mucho más bonita, aunque esta última razón sea poco científica.


 


 

domingo, 5 de junio de 2011

Y volvemos al género

    Siempre que tratamos acerca del género gramatical planea sobre nosotros el asunto del sexismo en el lenguaje y el desconocimiento de muchos del funcionamiento de la lengua. Existe en español un grupo de sustantivos de los que decimos que son comunes en cuanto al género. Se refieren a seres animados pero tienen una sola forma que sirve tanto para el masculino como para el femenino. Cada vez que los usamos el género del sustantivo, que se corresponde con el sexo de la persona o del animal al que nos estamos refiriendo, nos lo señala el artículo o el adjetivo que lo acompañan. Entre estos sustantivos están algunos como tenista, pediatra, pinche o los que terminan en –ante o –ente, como presidente, comediante o cantante. Podemos decir el tenista o la tenista, el pediatra o la pediatra. Todavía no he oído a nadie reclamar por el sexismo de estos sustantivos o decir "reivindicativamente" *el pediatro, *el tenisto o *la cantanta. Los sustantivos terminados en –ante o –ente funcionan de forma paralela a los adjetivos con esta misma terminación, como caliente, constante o inteligente, que tienen una forma única para masculino y femenino. No obstante, el uso, que siempre manda en la lengua, ha extendido algunos de estos sustantivos con el femenino en –a: clienta y presidenta quizás son los más extendidos. Pero no nos equivoquemos: los ha generalizado el uso de los hablantes a través del tiempo, no criterios impuestos por una supuesta corrección política. La lengua española es una realidad centenaria y cultural que está por encima de todo eso.


 

lunes, 23 de mayo de 2011

El día del español

    El Instituto Cervantes es una institución consagrada a la enseñanza y la difusión de la lengua española y de la cultura que se expresa en esta lengua en todo el mundo, especialmente en los países que no tienen esta lengua como su idioma oficial. Entre las numerosas actividades que promueve se ha empeñado en celebrar la fiesta de todos los que hablamos español. Nos podemos sentir orgullosos de que nuestro idioma materno crezca cada día en número de hablantes; se estima que en el año 2030 llegaremos a ser el 7,5% de la población mundial. Internet habla también en nuestra lengua, que ya se ha convertido en el tercer idioma más utilizado en la red y en el segundo de comunicación internacional.

    Cada año, el sábado más cercano al solsticio de verano, nos encontramos en las palabras todos los hispanohablantes. En 2011 celebraremos el Día del español el sábado 18 de junio. Pueden estar al tanto de lo que se mueve alrededor de este día en la página electrónica www.eldiae.es, en la que además pueden jugar con las palabras. Aprovechen para votar, entre las propuestas por treinta personalidades hablantes de español, por su palabra favorita. Les advierto que no es un ejercicio fácil. Hasta puede ser que no coincidan con la elección de Mario Vargas Llosa, Isabel Allende, Pau Gasol, Alicia Alonso o Alejandro Sanz. Pero todos coincidimos en que nos entendemos en el mismo idioma. El 30 de mayo sabremos cuál es la elegida este año.

lunes, 16 de mayo de 2011

Una cuestión de porcentajes

    La expresión correcta de los porcentajes parece simple a primera vista, pero no lo es. El sustantivo porcentaje significa 'proporción que toma como referencia el número 100'. Como sinónimo usamos la locución sustantiva tanto por ciento. Ambas se usan mayoritariamente en todo el ámbito hispánico. Dudamos cuando aparece en escena un tercero en discordia: el sustantivo porciento, muy utilizado en el español del área caribeña. Las tres palabras son correctas. Muy bien podríamos decir: la mayoría reclama un mayor porciento del presupuesto para educación.


 

    El origen de este sustantivo está en la locución adverbial por ciento, que se escribe en dos palabras y significa 'de cada ciento'. Se representa mediante el signo %, que debe leerse 'por ciento' y no *'por cien'. Otro pequeño detalle: no debemos dejar espacio de separación entre el número y el signo %; además toda la expresión, tanto si está escrita en cifras como en palabras, debe incluirse en una misma línea. Si el porcentaje que queremos expresar es inferior a 10, podemos elegir escribirlo en cifras o en palabras: cuatro por ciento, 4%, o 4 por ciento, pero nunca *el cuatro %. Si es superior a 10, se recomienda el uso de las cifras.


 

    Para terminar, una excepción; si escribimos el 100% de los dominicanos nos beneficiaríamos con una mayor inversión en educación, podemos expresarlo en letras como cien por cien, cien por ciento o ciento por ciento. Tantas formas de decir una sola cosa y, a veces, no logramos hacernos entender.


 


 

miércoles, 11 de mayo de 2011

Nombres reales

    El reciente enlace real en Londres nos ha dejado muchos cotilleos pero también ha provocado dudas curiosas acerca de la conveniencia o no de traducir o de sustituir los nombres propios de personas. Antes de que el interés decaiga podemos aprovecharlo para aprender algo más sobre el uso correcto de nuestro idioma. La tendencia actual es la de mantenerlos en su lengua cuando esta utiliza el alfabeto latino. Pero no siempre ha sido así. En otras épocas se prefería hispanizar los nombres propios, e incluso los apellidos, de personajes relevantes. ¿Quién reconocería a Ana Bolena en su nombre original Anne Boleyn o a Confucio en Kung-Fu-Tzu?

    La costumbre hace que no lo hagamos conscientemente pero en español hispanizamos los nombres propios de personas en cuatro casos curiosos. Seguro que los reconocerán. ¿Quién no recuerda a Toro Sentado o a Nube Roja en una película de vaqueros? También adaptamos al español los nombres de personajes históricos con un apodo significativo. ¿A quién no le tiembla el pulso recordando a Iván el Terrible? Los nombres de santos, personajes históricos o célebres como Marco Antonio, Cleopatra, Alejandro o Julio César, resuenan para nosotros en español. Hispanizamos el nombre que adopta el papa para su pontificado, en contraste con su nombre seglar: Juan Pablo II nació Karol Józef Wojtyla. El último caso nos lleva de regreso a la boda real: Kate, o Catherine, ha pasado a llamarse en español Catalina, siguiendo nuestra costumbre de hispanizar los nombres de los miembros de las familias reales de Europa. No todo iba a ser crónica social.

viernes, 6 de mayo de 2011

La lectura como liberación: importancia de los autores nacionales de Jeannette Miller

    ACADEMIA DOMINICANA DE LA LENGUA

CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Fundada el 12 de octubre de 1927

"La Lengua es la Patria"

Santo Domingo, República Dominicana

 
 

INVITACIÓN

    La Academia Dominicana de la Lengua le invita a la Conferencia" La lectura como liberación: importancia de los autores nacionales" que será dictada por la intelectual, escritora, crítica de arte, profesora y Premio Nacional de literatura 2011 Jeannette Miller, en el marco de la Tertulia Literaria LETRAS DE LA ACADEMIA, que coordina la Dra. Ofelia Berrido.

    El acto literario se realizará en la sede de nuestra Corporación el sábado 7 de mayo de 2011, a las cinco de la tarde.

 
 


http://tertulialetrasdelaacademia.blogspot.com/

 
 

 
Lugar: C/ Mercedes 204, Ciudad Colonial

Día: Sábado 7 de mayo de 2010.

Hora: 5:00 p. m.

 
 

 
 

 
 

 
 

Casa de las Academias, C/ Mercedes 204, Ciudad Colonial

Santo Domingo, República Dominicana

acadom2003@hotmail.com

Fonofax: 809-687-9197.

jueves, 5 de mayo de 2011

Prefijos en su sitio


 

Entre las novedades interesantes que nos ha traído la ortografía académica están las indicaciones explícitas sobre la escritura de las palabras con prefijo. Los prefijos no son partículas independientes por lo que, por regla general, deben escribirse soldados a la palabra a la que afectan. Nos encontramos a menudo con dispositivos antirrobo y leyes antitabaco, con servicio posventa o prepago, con supermodelos y megadivas.


 

El uso de guion o de espacio en blanco para unir el prefijo a la palabra base no se considera correcto. Lo encontrábamos con frecuencia con el prefijo ex. Tendremos que acostumbrarnos a los exnovios, las exesposas y los exmaridos. En cambio, si la palabra base comienza por mayúscula, por ser un nombre propio o una sigla, o se trata de una cifra, es obligatorio el uso del guion, como en pro-ONU, pos-Obama o sub-21.


 

Si el término base al que se va a unir el prefijo está formado por varias palabras lo correcto es escribir prefijo y base separados por un espacio en blanco. Hablaremos así de posturas anti pena de muerte o de grupos pro derechos humanos. Estas mismas reglas rigen para todos los prefijos. La forma de unirlos a su palabra base no dependerá del prefijo sino de las características formales de la palabra a la que lo unimos.


 

Probablemente algunos de ustedes se hayan sorprendido, e incluso escandalizado, por el uso sin tilde de la palabra guion. Otra de las novedades ortográficas que han levantado polémica y que les prometo tratar en una nueva columna.


 


 


 


 


 


 

lunes, 25 de abril de 2011

El mundo en español

Los recientes acontecimientos internacionales nos han obligado a utilizar topónimos y gentilicios poco frecuentes. Túnez, el país y su capital, se convirtieron, por obra y gracia de la ignorancia o, peor aún, de la parejería, en *Tunicia, y los tunecinos en *tunicios. Egipto y los egipcios han salido mejor parados y, al final, nos hemos aprendido el gentilicio para los cairotas, los naturales de El Cairo, la capital egipcia. La lejana Pekín, o Pequín, como también puede escribirse, se convierte demasiado a menudo en Beijing; por cierto, no sé cómo tendríamos que llamar al delicioso pato a la pekinesa.

Sin necesidad de viajar tan lejos, muchos vienen a menudo de Miami y Canada (pronunciados en inglés [maiami] y [cánada]) o de Milano, a pesar de que todos estos topónimos tienen su forma genuinamente española: Miami, leído tal y como se escribe, Milán y Canadá, con sus tildes de toda la vida en la a final, por ser palabras agudas terminadas en vocal y ene. La hispanización de los topónimos extranjeros los somete a las normas de acentuación de nuestra lengua: París (Paris en francés) y Berlín (Berlin en alemán) son agudas en español y llevan tilde porque terminan en ese y ene, respectivamente, aunque en sus lenguas no la lleven.

Solo para los topónimos extranjeros que no cuentan con una forma asentada en español se aconseja la transferencia fiel de la forma en su lengua original. La recomendación académica es conservar la forma tradicional española, si existe, siempre que hablemos o escribamos en español.

martes, 19 de abril de 2011

Enhorabuena

Con ocasión de mi reciente ingreso como miembro de número en la Academia Dominicana de la Lengua he recibido muchas enhorabuenas y parabienes, que agradezco sinceramente. Uno de nuestros lectores aprovecha para consultar, y hace bien, acerca de la forma correcta de escribir este término pues duda si hacerlo en una o en varias palabras.


 

El sustantivo enhorabuena, que significa 'felicitación', siempre se escribe en una palabra. Nació de la expresión en hora buena, utilizada para felicitar o para expresar aprobación por algo con lo que se está de acuerdo. En su función de adverbio podemos escribirla en una sola palabra o en varias, aunque se está imponiendo la forma simple: "Si has decidido casarte, que sea en hora buena". Existen también, con el mismo significado, las expresiones en buen hora y en buena hora, que conservan cierto regusto añejo.


 

Un precioso sinónimo es el sustantivo parabién, que surgió a partir de la frase de felicitación para bien sea. Si en lugar de una aprobación queremos expresar contrariedad o desaprobación, podemos recurrir al adverbio enhoramala o a las locuciones en hora mala, en mala hora o en mal hora: "En mala hora se me ocurrió ir a la playa con este tiempo tan desapacible". Como vemos, se trata de un procedimiento habitual de creación de palabras en español.


 

Enhorabuena y parabién son palabras hermosas. Tenemos las palabras; lo que necesitamos, en estos tiempos de incertidumbre y malas noticias, son motivos para usarlas con más frecuencia.


 

lunes, 11 de abril de 2011

Merengue sin güira

    Algunos signos ortográficos han protagonizado esta columna durante las últimas semanas. Son marcas gráficas que ayudan a que podamos leer e interpretar correctamente los textos escritos. Nuestros lectores nos consultan acerca del uso de la diéresis, también conocida como crema, esos dos puntos que colocamos horizontalmente sobre una vocal. En nuestro sistema ortográfico solo tienen una función: indican que la letra u debe pronunciarse, cuando aparece después de g y antes de e o i. Se trata, por tanto, de un signo diacrítico, como lo es la tilde, que le otorga un valor especial a la letra sobre la que se coloca.

    Es un signo imprescindible para nuestro hermoso topónimo Higüey o para los gentilicios higüeyano o nagüero; tenemos muy vistos, demasiado, a los guagüeros y, desde luego, nos gustaría ver más cigüitas correteando por ahí; sin güiras y sin güireros no hay quien interprete un buen merengue; a las ramas de las palmas a las que se les han desprendido los frutos las conocemos en la República Dominicana como tirigüillos y, con una preciosa metáfora popular, esta palabra sirve para nombrar a una persona que muestra mucha delgadez.

    La modestia de la diéresis no significa que carezca de importancia. Si no la colocamos en el lugar necesario estaremos ante una falta ortográfica, que no hablará bien de nuestra formación y que dificultará la correcta lectura de los textos que escribamos. Higüey sin diéresis se queda tan desabrido como un merengue sin güira.

miércoles, 6 de abril de 2011

Unas cuantas tildes menos

    Entre las novedades que nos ha traído la nueva ortografía académica se encuentra la eliminación de la tilde en tres casos concretos. La regla general es que las palabras que tienen una sola sílaba no se acentúan ortográficamente. Existen, no obstante, casos de uso de la tilde para distinguir entre las formas tónicas y átonas de un mismo monosílabo.


 

La Academia propone eliminar la tilde cuando no obedece a esta necesidad de diferenciación. El caso de la conjunción disyuntiva o lo habíamos tratado en una Eñe anterior y es necesario que aclaremos la nueva posición académica. Hasta ahora poníamos la tilde a la conjunción o cuando aparecía entre cifras, para evitar una posible confusión con el cero. La nueva ortografía académica no considera suficiente esta motivación exclusivamente gráfica. La o, por lo tanto, ya no lleva tilde nunca.


 

Un caso muy frecuente es el de los demostrativos: este, ese, aquel, y sus femeninos y plurales. Hasta ahora les poníamos tilde cuando funcionaban como pronombres. Las ocasiones en las que puede existir confusión o ambigüedad entre adjetivos y pronombres son tan pocas que la Academia ha eliminado la recomendación de distinguirlos con la tilde.


 

El acento ortográfico también ha dejado de ser obligatorio para distinguir solo adjetivo ('sin compañía') de solo adverbio ('solamente'). Los contextos confusos son muy escasos y esto hace innecesario el empleo de la tilde distinguidora. Solemos quejarnos de la dificultad de las reglas ortográficas. En estos tres casos la Academia propone una simplificación. Será cuestión de irse acostumbrando.

sábado, 26 de marzo de 2011

Taller práctico de referencias bibliográficas

ACADEMIA DOMINICANA DE LA LENGUA
CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
Fundada el 12 de octubre de 1927
“La Lengua es la Patria”
Santo Domingo, República Dominicana

 INVITACIÓN

   La Academia Dominicana de la Lengua se complace en invitarle al Taller práctico de referencias bibliográficas, que será impartido por María José Rincón, que se realizará en la sede de nuestra Corporación el jueves 7 de abril de 2011, a las 5:00 de la  tarde.

   En espera de su grata presencia, le saluda cordialmente,    

Dr. Bruno Rosario Candelier
Director

Lugar: C/ Mercedes 204, Ciudad Colonial
Día:      Jueves 7 de abril de 2011.
Hora:   5:00 P.m.

lunes, 21 de marzo de 2011

Otra pareja dispareja

    Siempre es de agradecer el interés de los hablantes por el uso correcto de su propia lengua. Por eso recibimos con satisfacción las consultas acerca del uso en este periódico de la palabra concejo, escrita así, tal cual, con ce, y no con ese. Muchos lectores pensaron que se trataba de un error ortográfico. No es así. Estamos ante otra de esas parejas de palabras (consejo/concejo) que nos juegan a veces malas pasadas por su similitud ortográfica y su cercanía en el significado. Una vez más el diccionario es nuestro mejor aliado.

    La palabra consejo, procedente de la palabra latina consilium, sirve para nombrar ese parecer que alguien nos ofrece para animarnos a hacer algo o para evitar que lo hagamos. Consejo se refiere además al órgano colegiado que tiene la función de informar a una organización pública o privada o de administrarla. Hablamos así del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas o del consejo de administración de una entidad bancaria. Derivados de este sustantivo, los consejeros nos aconsejan, bien o mal, o son los miembros de estos organismos.

    El sustantivo concejo, del latín concilium, se refiere a la corporación municipal, compuesta de un alcalde y varios concejales, que gobierna un municipio. Es sinónimo de ayuntamiento y puede referirse, igual que esta, al edificio en el que se celebran las reuniones de esta corporación.

    Los orígenes latinos y el tiempo nos han traído su pronunciación, su ortografía y sus significados. A nosotros nos queda la tarea de usarlas y hacerlo apropiadamente.

lunes, 14 de marzo de 2011

Puntualizando

        Los signos de puntuación tienen historias curiosas. Así les pasa a los puntos suspensivos. Se llaman así desde 1841 y desde entonces son tres, solo tres, puntos consecutivos que se escriben a continuación de una palabra, sin que los separe ningún espacio. A pesar de su aparente humildad, nos sirven para expresar muchas cosas. Los usamos si queremos indicar una pausa, porque dudamos o porque queremos causar expectación: "Si la educación fuera una prioridad...". Nos sirven también para indicar silencios significativos o para sustituir palabras consideradas inconvenientes: "¡Qué p…!". Si enumeramos varios elementos los podemos usar al final como sustitutos de la abreviatura etc. Desde luego en este caso debemos evitar usarlos ambos a la vez.

    Las cosas se complican a veces cuando los puntos suspensivos coinciden en la escritura con otros signos de puntuación. Si aparecen al final de una oración, no hay que añadirles otro punto. En cambio, si siguen a una abreviatura, aparecerán cuatro puntos. La ortografía académica nos propone este ejemplo: "Algunas abreviaturas con tilde son pág., cód., admón….". Los puntos suspensivos sí pueden aparecer seguidos de una coma, un punto y coma o dos puntos. En estos casos no debemos dejar espacio entre ellos. Y, como ya han tenido ocasión de observar en los ejemplos, si los puntos suspensivos van seguidos por comillas al final de una oración, el punto es obligatorio después de las comillas de cierre.

Parece mentira que tres, y solo tres, puntitos puedan j…, perdón, dar tanto de sí.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Nuestras letras de siempre

    El año pasado asistimos a la publicación de la Ortografía de la lengua española por la Asociación de Academias. No sé qué tiene la ortografía que a todos nos evoca nuestros años escolares. A algunos les causa verdadera aversión; a otros, en cambio, respeto e interés. Una buena ortografía nos habla de una correcta alfabetización y de buenos hábitos de lectura. Las sociedades que conocen su repercusión valoran a quienes la dominan y se esfuerzan por difundirla y exigirla en el ámbito profesional y académico.


 

    El componente esencial del sistema ortográfico del español es nuestro abecedario, formado por veintisiete letras, o signos ortográficos simples. Los dígrafos, que son cinco en español (ch, ll, gu, qu, rr), no se consideran letras. Esto no quiere decir, como más de uno nos ha reprochado escandalizado, que vayan a ser eliminados. La consecuencia más llamativa es que dejan de considerarse signos independientes a la hora de ordenar las palabras alfabéticamente; por lo tanto, no encontraremos los capítulos dedicados a la ch o a la ll en los diccionarios, como ya sucede en los más recientes diccionarios académicos.


 

    A comienzos de marzo tendremos esta Ortografía de la lengua española en la Academia y en las librerías. Les prometo pequeñas ojeadas columna a columna; con las cosas nuevas y, también con las viejas, que nunca están de más. No olvidemos nunca que nuestra ortografía siempre habla de nosotros, tanto o más que nuestras palabras.

lunes, 28 de febrero de 2011

Me encantaría contar con su asistencia

María José Rincón González
Miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua

se complace en invitar a
los seguidores de El Ánfora de las palabras
al acto académico en el que pronunciará el discurso “El nacimiento de un nuevo diccionario dominicano: la pasión por nuestras palabras” con motivo de su incorporación como miembro de número a la Academia Dominicana de la Lengua, el 15 de marzo a las 5 de la tarde.

Academia Dominicana de la Lengua
Casa de las Academias
C/ Mercedes, 204, Zona Colonial

Un haz de palabras, un as de las palabras


 

    Hemos recibido muchas consultas acerca de la ortografía de haz, has y as. Así, sin más, podría parecer un trabalenguas. Vamos a intentar desenredar la madeja, que no es para tanto. La palabra haz son en realidad tres palabras, con tres distintos orígenes en latín, y con tres significados diferenciados. Si seguimos el diccionario académico un haz, masculino, es una 'porción atada de ciertas cosas', por ejemplo, un haz de leña; un haz, femenino, es una 'tropa ordenada'; y un haz, femenino, puede significar 'cara, rostro' o 'una de las caras de una cosa', como por ejemplo, el haz y el envés de las hojas de los árboles. Hay una cuarta posibilidad, tal vez la más frecuente: haz es también la segunda persona del singular del imperativo del verbo hacer: "haz tú la compra", "haz lo quieras".


 

    Si seseamos es posible que encontremos dificultad a la hora de distinguir haz (en sus cuatro posibilidades) de has. Nada más sencillo. Has, con hache y terminado en ese, es la segunda persona del singular del verbo haber, y la encontramos generalmente en los tiempos compuestos de los verbos: "has escrito la palabra correctamente". La tercera en discordia es la palabra as, con los significados de 'cierta carta de la baraja con el número uno', 'cara del dado con un solo punto' o 'persona que sobresale en una actividad'. Si tenemos claro de qué estamos hablando no nos será difícil decidirnos por la grafía correcta y convertirnos en ases de las palabras.

 

martes, 22 de febrero de 2011

Limpia, fija y da esplendor

    La Real Academia Española se fundó, allá por 1714, con el propósito de destacar la importancia de la lengua española entre las lenguas occidentales. Se eligió desde su fundación el ya famoso lema Limpia, fija y da esplendor y el emblema de un crisol puesto al fuego. Ambos nos hablan explícitamente del objetivo de trabajo y dedicación con el que surgió esta institución. Desde entonces ha mantenido, e incluso incrementado, su prestigio entre los hablantes de español en todo el mundo. Muchas veces este respeto ha estado teñido de ironía. César Nicolás Penson, en su cuento La escuela de antaño, compara en 1889 el afán controlador de la Academia con el de un maestro empeñado en encontrar en sus alumnos faltas contra la higiene: "Aquí era el desenvainar pies de todos los calibres, con medias o sin ellas, limpias, aunque rotas o remendadas. Es fama que de vez en cuando olíalas el maestro, fiel a su programa limpiador, como la Academia Española, por si querían pasarle contrabandos". Ironías a un lado, el ejemplo de la decana cundió en todos los países de habla hispana y son ahora veintidós, entre ellas la nuestra; todas trabajan mancomunadamente con un mismo objetivo en tres continentes y veintidós países. Este esfuerzo común nos exige a todos los académicos preparación, dedicación y responsabilidad. El crisol académico está más activo y más alerta que nunca.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Chivos sin ley


 

    Hacía mucho que no encontraba en una obra literaria contemporánea tantas y tan hermosas referencias a la lengua. Cada novela, cada poema o cada texto dramático son, en sí mismos, una alabanza a la creación humana que los hace posible y que es su materia prima: la lengua; pero en pocos encontramos unas palabras tan bonitas y tan certeras como estas de Muriel Barbery en su novela La elegancia del erizo: "La lengua, esta riqueza del hombre, y sus usos, esta elaboración de la comunidad social, son obras sagradas. Que evolucionen con el tiempo, se transformen, se olviden y renazcan, mientras, a veces, su transgresión se convierte en fuente de una mayor fecundidad, no altera en nada el hecho de que, para tomarse con ellas el derecho al juego y al cambio, antes hay que haberles declarado pleno sometimiento". En ellas se resumen el contraste entre la lengua y sus usos y el cambio imprescindible e inevitable para su supervivencia. Pero también nos recuerda la autora, con gracia pero con firmeza, muy de agradecer, que el sometimiento a unas reglas compartidas es imprescindible para que podamos tomarnos la libertad de jugar y de crear con nuestra lengua. ¡Qué gran ejercicio de responsabilidad y qué gran lección en tan pocas palabras! Una reflexión más necesaria, si cabe, en estos tiempos en que todos, aunque unos más que otros, nos hemos acostumbrado a ejercer de chivos sin ley en tantos aspectos de la vida, del que la lengua no es el menos importante.

martes, 8 de febrero de 2011

Los nombres de nuestra lengua

    Solemos referirnos a nuestra lengua materna como el español; usamos también la voz castellano. Ambas denominaciones son correctas y podrían considerarse sinónimas y usarse indistintamente. El que se considera el primer diccionario de nuestra lengua, escrito por allá por 1611 por Sebastián de Covarrubias, se titulaba Tesoro de la lengua castellana o española. Español es el nombre preferido y generalizado cuando, en otros idiomas, se refieren al nuestro: en inglés Spanish, en alemán Spanisch, en francés espagnol o en italiano spagnolo, por citar solo unos cuantos.

    La palabra español ha levantado históricamente algunas suspicacias en Hispanoamérica y en la propia España: en Hispanoamérica por considerársela demasiado vinculada a la antigua metrópoli; en España por entender que las demás lenguas que se hablan en su territorio son también españolas. Estos recelos inclinan a algunos hablantes por el uso del término castellano. Sin embargo, el uso de castellano para nombrar a la lengua compartida por los hispanohablantes podría resultar impreciso. Castellano es también el dialecto románico que surgió en Castilla en la Edad Media y la variedad de nuestra lengua que se habla en la actualidad en esa región española. Como pasa casi siempre, los sinónimos resultan un poco ficticios. La elección de uno u otro puede estar preñada de significado. La llamemos como la llamemos, nuestra lengua nos demuestra día a día, y palabra a palabra, su riqueza de matices y de posibilidades expresivas. Empeñémonos en aprenderla, valorarla y utilizarla correctamente. El español, o el castellano, a su gusto, sabrá recompensárnoslo con creces.

jueves, 27 de enero de 2011

Leamos El Quijote

    Don Quijote de la Mancha es, sin duda, la más universal de las obras literarias escritas en nuestra lengua. Sus protagonistas cabalgan desde hace más de cuatrocientos años en su rocín flaco y en su sufrido rucio no solo por la Mancha de sus orígenes sino por todos los caminos de nuestro planeta. Ya andaban por tierras americanas el año mismo de la publicación de la novela, a pesar de la prohibición de los libros de imaginación durante la colonia. El caballero y su escudero fiel hablan en español y nos han hecho reír y pensar a personas de todas las culturas y condiciones. Ahora las Academias de la lengua española nos proponen una idea interesante y divertida: una lectura universal del Quijote a través de You Tube. Fragmento a fragmento, el más internacional de los caballeros andantes nos hablará en español desde los más recónditos rincones y con todos los acentos. Únicamente necesitamos acceder a la página electrónica académica, solicitar que nos asignen un fragmento de la novela, grabarnos mientras lo leemos y subirlo al canal Quijote de You Tube. Una a una, nuestras caras y nuestras voces se irán enlazando para componer en palabras e imágenes la genial obra cervantina, el Quijote más grande de la historia. Les animo a que participen y a que pongan acento dominicano a las maravillosas aventuras del hidalgo cervantino y de su escudero. Sería hermoso que unos cuantos de estos fragmentos procedieran de este país caribeño donde se habla español desde antes de que Don Quijote y Sancho se echaran a los caminos a deshacer entuertos y donde, como ellos, sabemos lo que significa luchar contra molinos que parecen gigantes.

miércoles, 26 de enero de 2011

Con la mente en los adverbios


 

Una lectora nos consulta acerca de la corrección del adverbio seguidamente. Esta duda se la provoca el hecho de que no ha encontrado este adverbio en el Diccionario académico ni tampoco en otros diccionarios consultados.


 

No es raro. Tenemos que tener presente que el hecho de que una palabra no aparezca incluida en un diccionario no significa, necesariamente, que esa palabra no exista. En la tradición de los diccionarios del español, por ejemplo, tenemos el caso de los adverbios terminados en –mente. No los busquen en el diccionario académico porque no los van a encontrar. No porque no existan o no sean correctos, sino porque el diseño de este diccionario así lo ha establecido. El sufijo –mente se emplea en español para la creación de adverbios de modo a partir de adjetivos en género femenino y significa 'manera'. Tendremos así como resultado sabiamente, correctamente o seguidamente. En la práctica todos los adjetivos que puedan aplicarse a la forma de hacer algo podrían formar este tipo de adverbios. Si se incluyeran en el diccionario, las entradas se multiplicarían. Esta es la razón que se aduce para no hacerlo.


 

En otra de mis columnas traté el tema de la tilde en estos adverbios pero no está de más recordarlo: llevan tilde solo si el adjetivo sobre el que se forman la lleva, aunque el adverbio resultante sea una palabra llana terminada en vocal; así grácilmente, fácilmente o cortésmente. Si nos aprendemos esta sencilla regla, difícilmente nos vamos a equivocar.