jueves, 26 de abril de 2012

Lustre para nuestras palabras

    Mencionamos con frecuencia cómo un buen manejo del español favorece nuestra imagen personal, académica y profesional. Si esto es así en el ámbito personal, podemos fácilmente hacernos una idea de lo que este buen uso puede suponer para la imagen comercial de una marca o empresa. Las palabras están presentes en todo lo que hacemos y, más que muchas otras cosas, hablan de nosotros. La publicidad empresarial debería tener en cuenta esta máxima y cuidar con mimo la corrección del lenguaje de anuncios y folletos. En un encartado publicado recientemente leemos en vistosas letras mayúsculas una tentadora invitación a meter las manos en la masa. La invitación consiste en una sugerente sucesión de imperativos de verbos relacionados con los fogones. El efecto se desvanece cuando nos encontramos con una falta ortográfica que podría haberse evitado con una sencilla consulta al diccionario. El verbo glasear -'hacer, con diversos medios, que un alimento quede brillante'- se escribe con ese, no con zeta. Igual les ocurre a las palabras de su familia: glaseado, glasé, azúcar glas. Es verdad que, como los dominicanos seseamos, tendemos a autocorregirnos y a abusar de la zeta y de la ce en palabras que no las llevan. La inseguridad ortográfica se une en este caso a un cruce con un verbo inglés con el mismo significado y que se escribe con zeta. El influjo de otras lenguas se aprecia a menudo en detalles tan pequeños como una zeta que se cuela donde no le corresponde. Ojo avizor entonces a nuestra producción publicitaria. Una falta ortográfica puede restar lustre a lo que ofrecemos.

lunes, 16 de abril de 2012

No tan chistoso

        Disfruto día a día con las viñetas humorísticas de nuestros diarios. Engarzan palabra e imagen con sutileza y gracia. Seguro que muchos de ustedes hacen lo mismo que yo y saltan páginas para ir directamente a lo que tienen que decirnos estos personajes que nos presentan la realidad, no siempre halagüeña, con un toque especial de ironía, sarcasmo o ternura.

        Pero los redactores de estas viñetas usan también la lengua en sus concentrados bocadillos y no están libres de los temidos - espero - errores ortográficos. Dio en la diana el chiste gráfico que criticó muy expresivamente los tapones memorables que se produjeron gracias a la combinación de bandereos políticos y Semana Santa.

        La comparación fue acertada; no tanto el uso ortográfico. Leíamos *crucificción por crucifixión. Se trata de la confusión entre -x- y -cc-. Los hablantes que seseamos pronunciamos de la misma manera las terminaciones –xión y –cción. No es desde luego una excusa. Déjenme ofrecerles un pequeño truquito que la Nueva ortografía de la lengua española académica ofrece para cuando dudemos y no tengamos un diccionario a mano. Las palabras terminadas en –xión siempre tienen en su familia de palabras (palabras que comparten la misma raíz) una que termina en –jo o en -xo. Hagan la prueba con crucifixión (crucifijo), anexión (anexo, anejo), conexión (conexo), etc. Esto no les sucede a las palabras que terminan en –cción.

        Algunos alegarán que hay que conocer muchas palabras. Nadie dijo que fuera fácil. La riqueza de vocabulario y el conocimiento de las relaciones "familiares" entre los vocablos nos ayudan con la ortografía. Más razones para leer y para usar el diccionario.

miércoles, 11 de abril de 2012

Humor inteligente y ortográfico

Un uso inteligente de las palabras nos permite esto y más. Agrega contenido y demuestra dominio del idioma. Rara avis.

Esperen una columna sobre este error ortográfico

Apodos y alias

    Los raterillos de medio pelo y los ladrones de cuello blanco pueblan las crónicas periodísticas de apodos de lo más pintorescos que, si no fuera por lo que ocultan, podrían incluso resultar divertidos.

    La ortografía, como si de una vulgar metiche se tratara, también tiene algo que decir sobre la forma correcta de escribirlos. Para los ejemplos prefiero el mundo deportivo. El apodo, que generalmente se basa en algún rasgo de la persona, debe escribirse con mayúscula inicial. Si va introducido por un artículo, este debe escribirse en minúscula: José Reyes, el Correcaminos, y David Ortiz, el Big Papi. Los sobrenombres se escriben entre comas excepto en los casos en los que no pueden usarse aislados del nombre propio: Pedro el Cruel o Alfonso X el Sabio.

    Hay una costumbre muy frecuente en las crónicas deportivas de esta orilla del español: situar el sobrenombre entre el nombre de pila y el apellido. Si elegimos esta modalidad el apodo debe distinguirse del nombre mediante el uso de las comillas o de las cursivas: el pelotero José el Mambo Lima o el boxeador Fausto "Ceja" Rodríguez.

    A veces lo que distingue al personaje no es su apodo sino su hipocorístico. No se me asusten: no es una mala palabra. Así se llaman los nombres abreviados o afectivos que usamos a veces como sustitución del nombre de una persona: Pepe por José, Tatica por Altagracia. La regla es la misma; así en Retiraron el número 31 como reconocimiento a Guillermo Memo García (o Guillermo "Memo" García).

    Los apodos, familiares, populares, deportivos o históricos, merecen también su minuto de gloria ortográfica.

sábado, 7 de abril de 2012

Una nueva ocasión para encontrarnos en la Academia

                        ACADEMIA DOMINICANA DE LA LENGUA

CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Fundada el 12 de octubre de 1927

"La Lengua es la Patria"

Santo Domingo, República Dominicana

 
 

                     INVITACIÓN

    La Academia Dominicana de la Lengua se complace en invitarle a la presentación del libro Fonética y Fonología del español.

    La obra será comentada por Bruno Rosario Candelier y María José Rincón.

    La actividad lingüística se realizará en la sede de nuestra Institución, el martes 10 de abril de 2012, a las 5:00 pm.

   En espera de su amable presencia, le saluda cordialmente,

Dr. Bruno Rosario Candelier

Director.-

Lugar:   C/ Mercedes 204, Ciudad Colonial

Día:       Martes 10 de abril de 2012

Hora:    5:00 p. m.


 

Dirección:

 Casa de las Academias

C/ Mercedes 204, Ciudad Colonial, Santo Domingo, República Dominicana.

Tel. 809-687-9197 <acadom2003@hotmail.com>http://www.academia.org.do

Un espejismo

    ¡Ay, los sinónimos! Son esas palabras que, aparentemente, y solo aparentemente, tienen el mismo significado. Muchos opinamos que no existen verdaderos sinónimos.  Les propongo que analicen este trío que usamos con frecuencia indistintamente pero cuyos miembros no designan la misma realidad. Los topónimos Hispanoamérica, Iberoamérica y Latinoamérica, y sus correspondientes gentilicios, hispanoamericano, iberoamericano y latinoamericano, tienen una historia llena de connotaciones políticas y culturales que enriquecen y matizan nuestros textos. Si nos fijamos en la designación, es decir, en la realidad a la que cada uno de ellos se refiere, no podemos considerarlos sinónimos.

    Hispanoamérica designa al conjunto de países americanos de lengua española. Iberoamérica, en cambio, nombra al conjunto de los países americanos que usan español o portugués, las lenguas originarias de la Península Ibérica. Latinoamérica, el de más amplia designación, engloba los países americanos que hablan lenguas de origen latino, como el francés, el portugués y el español. Este último surgió en Francia allá por el siglo XIX y le ha ido ganando terreno a los demás. Tal vez por su mayor amplitud de referencia o, quizás, como en tantos otros aspectos, por ser la denominación que más difusión ha tenido entre los norteamericanos.

    La riqueza histórica de la lengua española pone a nuestra disposición tres posibilidades para nombrar tres realidades cercanas pero no idénticas. A los distintos significados se añaden connotaciones políticas y culturales. Debemos poner a trabajar  nuestra actitud y aptitud como hablantes para aprovechar estas sutiles diferencias de matiz. Como ven, la sinonimia, al menos en este caso, no es más que un espejismo.